Trenhotel Elipsos

Aquéllos viajes en ferrocarril, cuando éramos pequeños y la Argentina estaba cruzada por más de 46.000 kilómetros de vías: “El Rayo de Sol” a Córdoba; “Los Arrayanes” a Bariloche; “El Libertador”, a Mendoza que combinaba con el Trasandino a Chile; El “Cinta de Plata” del Belgrano, a Salta y Jujuy que combinaba con los ferrocarriles bolivianos; “El Pampero” a Santa Rosa de Toay, en La Pampa, y por último “El Gran Capitán”, hasta Posadas, donde combinaba con el ferrocarril central paraguayo hasta Asunción. Ya no están más ¿Cómo pudo un país tan extenso arrancarse tantos miles y miles de kilómetros de vías férreas? Estas cavilaciones venían a la memoria del escriba, mientras cómodamente apoltronado observaba a través de la ventanilla panorámica del salón dormitorio “Preferente” veía desfilar rápidamente los suburbios de Paris, después de haber partido puntualmente de la Estación de Austerlitz a la orilla del mítico Siena.

El viaje en el tren hotel “Elipsos” es para recomendar vivamente, cosa que realizamos a través de estas líneas.

El largo tren luce impecable en la plataforma 16; el personal del mismo solícitamente nos ubica en el coche dormitorio 4: el salón que nos toca es un pequeño departamento con baño completo y ducha; neceser para el viaje y enseguida la pregunta ¿primer o segundo turno comedor? Ya el tren ha cobrado velocidad de expreso, hemos dejado los arrabales parisinos y como un misil de plata nos encaminamos hacia la primera parada histórica Orleans (cuna de Santa Juana de Arco).

El servicio a “la carte” del restaurante es perfecto y la atención esmeradísima. La pareja de experimentados mozos atiende a los pasajeros, y están atentos al más mínimo detalle. La presentación es de una pulcritud europea y los platos hablan de una habilidad del chef de a bordo. Los pasaportes los hemos entregado al personal del lugar que nos los devolverá media hora antes de llegar a Madrid.

Un descanso más que reparador en una cama ya acomodada por el camarero del vagón y a primera hora de la mañana, luego de un abundante y bien dispuesto desayuno, estamos llegando a la estaciónChamartin, en pleno corazón de Madrid.

¿Luna de Miel? (primera, segunda o tercera), ¿reconciliaciones?, ¿el toque final para enamorarse? El Elipsos, que una regularmente las ciudades de Madrid, París, Barcelona, Zurich, Milán, es el toque de distinción en el comienzo o final feliz de un viaje por Europa. Al bajar a la estación de destino ya estará programando el próximo viaje en este tren fantástico. Verá que es así.